Mantequilla y limón

Bueno, bueno, una vez más.

Para el Señor Don Gato, era costumbre
tener que repetir sus actos más de una
vez; tal era la fascinación y acogida entre
los espectadores.


La Señorita Rana Verde, su ayudante
siempre ágil y dispuesta, preparó
nuevamente el mágico sombrero y con
toda gentileza se lo presentó al Señor
Don Gato.


-!Bim Bim San Bombin, convierte esta
hoja en un calcetín!-


Y sosteniendo una bella hoja de Arce con
la gatuna garra, la metió en el sombrero,
sacando de repente, ante los ojos
asombrados de ardillas, ratones, conejos,
liebres y otros animales, un hermoso
calcetín rojo con grandes rombos de color
café y negro; que gran algarabía se
escuchó entonces en el bosque y cuantas
ovaciones fueron dadas a tan mágico
acto.


De repente, así como cuando llega la
noche, de entre los matorrales salió el
Señor Don Zorro. Todos, paralizados del
miedo ante tal aparición, no sabían si
correr, si saltar o si cavar rápidamente
una madriguera.

Sin dar tiempo a que ninguno escapara, con su profunda y
amenazante voz dijo: Buenas noches amigos! Que bonita
fiesta la que ahora celebran.

Permítanme acompañarlos, sino es mucha molestia.

Prometo no morder… ejem, perdón! No molestar a nadie.

Es un gusto tenerlo con nosotros, dijo la
Señorita Rana, dando un discreto pisotón
al Señor Don Gato para que el también
saludara.

Por cierto, continuó diciendo,
estábamos a punto de empezar con el
acto central de la noche, y mi maestro, el
Señor Don Gato iba a necesitar un
ayudante. ¿Quién más preciso que usted
Señor Don Zorro, con su majestuoso
pelaje y gallardo porte para servir en este
oficio? ¿Nos honra entonces con su
ayuda?


-Dice usted bien que mi pelaje es
hermoso y mi porte imponente-, replicó
el Señor Don Zorro. Pero olvida usted lo
sabio y educado que soy. ¿O es que duda
acaso de mi sabiduría?

Por favor, disculpe usted mi ligereza. Por
supuesto, dijo la Señorita Rana, todos por aquí saben que no hay nadie más sabio entre los animales que su señoría.


Sólo que pocos se sienten dignos de
buscar su consejo. En cuanto a su
educación, basta con mirar su
refinamiento para comprender que ha
recibido usted una instrucción digna de
un noble.


El Señor Don Zorro se sintió muy
halagado por las zalameras palabras de
la Señorita Rana. Mirando, con una
altiva mirada y sonriendo de medio lado
dijo: Acepto encantado! Pero antes quisiera
pedirle un pequeño favor, si no es mucha
molestia, dijo pausadamente.

Lo que su señoría desee para esta
servidora es un honor, dijo la Señorita
Rana.

Escoja usted a uno de los respetables
miembros del público para que luego de
terminado el acto, me acompañe a dar
un paseo por el lago. No conozco mucho
de esta región y… quisiera tener un
compañero de camino. Mejor aún si esta
bastante bien de salud, mejor si es un
poco gordinflón y de buen sa…corazón!,
quiero decir, corazón.


La señorita Rana entendió claramente las
intenciones del Señor Don Zorro.


Tomando de la mano a su maestro, dijo
a viva voz:

!He aquí a su mejor compañero! Nadie
conoce tanto estos caminos como aquel
que los ha recorrido una y otra vez
llevando magia y alegría a la gente.
Además, repuesto, rozagante, lleno de
salud y con un corazón mas grande que
su barriga.

El Señor Don Gato sorprendido no pudo más que aceptar.


La Señorita Rana le dijo: maestro, si
quiere salir de esta, haga exactamente lo
que le voy a decir.


!Conejos y conejas, saltarinas ardillas,
topos y ratones del bosque; ahora mi
maestro realizará para ustedes el más
grande truco visto en estos remotos
parajes, con la gentil e invaluable ayuda
del Señor Don Zorro. Para comenzar, he
dispuesto acá esta cómoda silla para que
pueda sentarse.


Señor Don Zorro, ¿nos honraría pasando
al escenario y ocupando su lugar? El
Señor Don Zorro se sentó en el mullido
sillón, con aires de nobleza se acomodó,
estirando sus enormes patas y mirando
con ojos hambrientos a todos los
asustados animales. Dejaba ver de
cuando en vez sus afilados dientes.
Ahora mi maestro realizará el truco.
Haciendo varias señas, le paso un gran
trozo de mantequilla y medió limón.

El Señor Don Gato, rápidamente
comprendió lo que tenía que hacer.


! Este antiguo truco le dará enormes
poderes a aquel sobre el que se realice.
Tengo el enorme placer de brindarle este
enorme beneficio al Señor Don Zorro

para quien pido un fuerte aplauso-, dijo
el Señor Don Gato. Los animales,
asustados, aplaudieron al unísono y
dieron grandes ovaciones al Señor Don
Zorro, quien mas altivo que nunca, daba
agradecimientos haciendo una ligera
venia.


Entonces, el Señor Don gato dijo:


!Por las barbas de merlín y sus pociones
baratas, permítame que le frote cada una
de sus patas!


Y acercándose, frotó cada una de las
patas del zorro con mantequilla.

El Señor Don Zorro se sentía muy complacido de
recibir tales atenciones.

– No es para menos, pensaba, que este montón de
animaluchos me hagan un buen masaje
antes de la cena.


Ahora, por el talismán que tiene los
bordes rojos, reciba…!este enorme chorro
de limón en ambos ojos
!


El Señor Don Zorro gritó del dolor y
levantándose furioso trato de ubicar al
gato pero con tan mala suerte que al
pararse, se resbalo muchas veces
cayendo al suelo por la mantequilla de
las patas. En tanto esto ocurría, todos los
animales huyeron rápidamente.
Resignado, el Señor Don Zorro se fue
dando quejidos lastimeros.

Señorita Rana, nos ha salvado! ¿Como
supo que podía engañar al zorro con este
truco? Preguntó el Señor Don Gato.


Maestro, nada le gusta escuchar más a
los soberbios y arrogantes que las
adulaciones. Llenarle los oídos de
palabras zalameras, melosas y
aduladoras, le impidió ver nuestra
verdaderas intenciones-, dijo la Señorita
Rana.


Ciertas son sus palabras, mi adelantada
aprendiz. Y de ahora en adelante
recordaré siempre su consejo: un corazón
lleno de soberbia y arrogancia vive ciego
y ahogado en su propia contemplación.
Nada hay mejor que la humildad y la
sencillez.
Además, siempre hay que temer
a quienes halagan en exceso y sin razón
porque suelen ser oscuras sus intenciones.